El ataque del misterioso emnascarado
No tiene rostro ni nombre conocido. Solo se lo conoce por sus actos y apariciones sorpresivas, siempre en terreno peligroso y oscuro, allí donde anida el enemigo, el mal.
Lo guía la JUSTICIA, no siempre comprendida o aceptada, pero siempre actúa a sabiendas de que su lucha es compartida por muchos, los que no tienen voz o no se atreven a alzarla.
Necesita una MASCARA para ocultar sus facciones en un mundo que peligrosamente cae en el vacio de la decadencia sin fin. No le preocupa conseguir cambiarlo porque sabe que lo más seguro es que no pueda hacerlo, pero por sus venas corre sangre de LUCHADOR y esta condición es la esencia de su naturaleza.
Le damos la bienvenida a EL MISTERIOSO ENMASCARADO, uno de los Nuestros, el Último de su Especie y está entre Nosotros.

31 ene. 2010

NUESTRO QUERIDO TELEVISOR

Una enorme y pesada caja de madera lustrosa, un gris y redondeado tubo de rayos catódicos, algunas perillas pequeñas que comandaban el volumen, el brillo, el contraste, el vertical, el horizontal, y la grande y redonda, el sintonizador que cambiaba los canales y que a cada vuelta hacia un “tac, tac, tac” que aún resuena en mis oídos. El cable plano de la antena conectado por detrás y el infaltable “estabilizador de corriente” (un horrible aparato cuadrado y pesadísimo que cumplía la función de proteger el televisor de altos y bajos de tensión letales para su buen funcionamiento). Nuestro Televisor, el único de la casa, montado en el armario del living, rodeado de adornos de porcelana sobre “carpetitas de crochet”. Nuestro Querido Televisor marca Hansen.

Cuenta mi padre que el señor Hansen era un viejo técnico alemán que vivía en la zona y que fue empleado de una compañía importante (Telefunken, Grundig tal vez?) y que se dedicaba a montar televisores desde cero, totalmente “artesanales”, pieza por pieza, válvula por válvula, plaqueta por plaqueta, soldando los circuitos, probando cada una de las piezas, testeando a fondo su funcionamiento para finalmente ensamblarlo en una preciosa caja de madera que lo contenía, un auténtico mueble de lujo que presidía el living-comedor del hogar. Mi Padre, algún tiempo antes de casarse con esa belleza que sería Mi Madre, encargó al Señor Hansen, esa eminencia de la electrónica, la construcción del Televisor para la Nueva Familia. Y el nos acompañaría por dos décadas.

No era un Westinghouse, o un General Electric, era un Hansen y nuestro Televisor llevaba también con orgullo su marca en preciosas letras doradas en relieve sobre el parlante. No tenía nada que envidiarle a ningún otro. Nada. Como si fuese una caja mágica, una máquina asombrosa que nos permitía entrar en mundos increíbles, vivir las aventuras más emocionantes, viajar a tierras exóticas, Reinos olvidados… A través de ella reímos, lloramos, nos asustamos, vimos en directo lo imposible como el primer paso del Hombre en la Luna. También vimos por vez primera con una sorpresa inusitada y una inocencia irrepetible los programas de variedades, los dibujos animados, las películas, las series de televisión: El Túnel del Tiempo, Viaje al Fondo del Mar, Perdidos en el Espacio, La Dimensión Desconocida, Un Paso Al Más Allá, Rumbo A Lo Desconocido, Batman, Combate, Los Intocables, Los Invasores, Viaje a las Estrellas, Bonanza…

¡Que felices fuimos gracias a esa maravilla hecha por el Señor Hansen con sus manos! ¡Cuánto disfrutamos y cuánto aprendimos mediante ese reflejo de luces y sombras sobre su tubo de vidrio! Qué ingratos y desagradecidos también fuimos con el. Un día salio de casa para nunca más volver. Terminó en la esquina junto a bolsas de basura y otros trastos viejos.

Me gustaría pedirle perdón y agradecerle todo lo que hizo por nosotros. ¿Quién o quienes han sido los que se atrevieron a llamarlo “la caja boba”? Mejor no quiero saberlo pero me temo que lo sospecho. Siempre estará con nosotros cuando recordemos ese episodio de la serie, o esa película de los sábados que nos asombró como ninguna. El Señor Hansen tiene reservado un lugar en el Cielo de rayos catódicos y Nuestro Querido Televisor junto a el.

25 ene. 2010

AQUELLAS GEMAS DEL ESPACIO SIDERAL

Una sala de cine. Las luces y sombras se proyectan sobre la pantalla. Los espectadores son transportados a otros mundos, irreales, imposibles, inauditos y más o menos lejanos teniendo en cuenta la geografía de la fantasía. No, no es cine en 3D ni tampoco es Avatar de James Cameron.
Hablamos de Invaders From Mars, The Man From Planet X, Plan 9 From Outer Space o This Island Earth, de cualquiera de ellas, entre tantas otras. Cine de Ciencia-Ficción donde los viajes interplanetarios, invasiones extraterrestres, catástrofes y mutaciones de todo tipo cobraron vida, entre los años 1950 y 1960, convirtiéndose en auténticas joyas de celuloide. Fue la llamada Década de Oro de la Sci-Fi. y sobre ella reflexionaremos.

¿Qué tienen esas películas que nos hacen caer una y otra ves en sus garras? La pregunta no tiene respuesta, simplemente están allí y nos esperan, nos acechan, esperan el momento oportuno para que las veamos por vez primera o volvamos a hacerlo. La mayoría de nosotros seguramente lo hicimos mediante la TV, años atrás en nuestra infancia o adolescencia, o después, gracias a la oscuridad de un Cine Club, de la TV por cable, el VHS o el DVD.
Difícil escapar de ese embrujo cinéfilo que atrapa sin piedad, difícil sustraerse a esa intensa emoción ante el asombro y la ilusión. Difícil que no hagan mella en nuestra mente, que pasen desapercibidas, que se olviden. Con el paso del tiempo cobran nueva fuerza a través del generoso prisma de la nostalgia. Pero allí están y seguirán estando…

¡Qué importa si los actores son malos de verdad, los decorados se caen ante un empujón, los diálogos son incoherentes y traídos de los pelos o si se ven los hilos que sostienen los platillos voladores…! Qué importa si en verdad consiguen que nos metamos en ellas y nos sintamos una víctima o un victimario de la historia en cuestión. Qué importa si logran ese cometido que el cine con “mayúsculas”, “serio” o de “autor no tiene: el entretenimiento.

Jack Arnold (The Incredible Shrinking Man, It Came from Outer Space) Kurt Neumann (Rocketship X-M., The Fly) Edgard G. Ulmer (The Man from Planet X), Phil Tucker (Robot Monster), Curt Siodmak (The Magnetic Monster), Ed Wood (Plan 9 From Outher Space), Fred F. Sears (The Giant Claw, Earth vs. the Flying Saucers), Nathan Hertz (Attack of the 50 Foot Woman) Joseph M. Newman (This Island Earth) son solo algunos de los nombres que hicieron historia en los 50s poniéndose al frente de proyectos imposibles, con bajos presupuestos, limitaciones técnicas de todo tipo, malos actores, guiones patéticos y película de descarte. Todos los infortunios imaginados no imposibilitaron el surgir de esas gemas de la Sci-Fi sino todo lo contrario.

Y allí están y aparecen una y otra vez entre nosotros. Nos acompañan en una trasnoche desde el sofá de casa, rodeados de sombras y nostalgia. Gemas del Espacio Sideral, de las que en Pandora no se encuentran. Por suerte.

24 ene. 2010

EL PODER DE LA MASCARA

¿Cual es la fuerza que posee la mascara en nosotros? ¿Qué extraño poder se desata cuando alguien se la coloca sobre su rostro? ¿Qué símbolos arquetípicos se ponen en funcionamiento para que el sujeto en cuestión sea otro, y coja atributos que no son suyos o que permanecían ocultos en lo más profundo de la psique?
La mascara, ese artilugio, gadget, prótesis o muleta que transforma la personalidad humana es indispensable en la construcción del héroe o el villano. Sin ella no seria nadie. Su portador es diferente, raro, extraño, destaca del resto de los humanos simplemente por ocultar su identidad. No se sabe quién es y esto es lo que realmente inquieta. El temor es lo que surge en los que están del otro lado, en los que se oponen a sus principios a sabiendas o no. Este efecto es el mismo estén donde estén, y el enmascarado lo sabe y esa es su primera ventaja. Con ella en su mano comienza a actuar, se suelta, sabe que él también se encuentra protegido por esa otra piel que cubre su rostro y que sea del material que sea lo hace invulnerable, lo anima, lo impulsa, lo lleva hasta límites que jamás pensó que podría llegar. La máscara es su arma secreta, la máscara lo posee, la máscara lo pone en otra dimensión.
¿Por qué ocultar el rostro? ¿Por qué mostrar uno que en realidad no es el verdadero? Parte de esas respuestas vamos a dejarlas a los antropólogos, psicólogos o psiquiatras, pero lo que si podemos decir aquí, es que los motivos pueden ser muchos y todos validos para los personajes en cuestión. Por ejemplo en la ficción y, sobre todo en el cómic, un personaje como The Phantom consigue con su mascara un halo de misterio entre los nativos, piratas y malhechores, que de otro modo no conseguiría y esto se va a transmitir de generación en generación transformándolo en un justiciero “inmortal”. El Zorro, Batman y otros necesitan ocultar su identidad para no ser detenidos por la ley o protegerse de la venganza que los malhechores desatarían en ellos o en sus seres queridos, propiedades o intereses.
El alter ego, el otro yo, la otra personalidad o la identidad secreta del enmascarado muchas veces se confunde. ¿Quién es él en realidad: el que va debajo de la mascara o el que se muestra con ella? Aquí la respuesta podemos encontrarla en la lejana antigüedad, en lo ceremonial, en el vínculo con los dioses, con lo infernal, en el ritual, en el misterio profundo del hombre en la búsqueda del saber quién es en realidad, en el ser instrumento de poderes benéficos o maléficos, en lo más primigenio. Allí reside la fuerza de la máscara.
The Phantom, El Zorro, Batman, The Lone Ranger, Spiderman, The Green Hornet, Fantomas, Dr. Doom, Magneto, The Joker, Green Goblin, Bulleye, etc. etc. etc. la lista de héroes y villanos enmascarados es extensísima y todos están “cortados por la misma tijera”.
El enmascarado en realidad siempre es misterioso y eso es lo que nos atrae de él. Nos gusta el misterio, el riesgo, el peligro, las mascaras y los enmascarados, estén donde estén, tanto ellos como nosotros.

Hasta la próxima!